CECT presenta metodología geoespacial sobre territorios frágiles y cambio climático

El Centro de Estudios de Ciudad y Territorio presentó los resultados de la investigación “Territorios Urbanos Frágiles y Cambio Climático en Chile”, cuyo objetivo fue diseñar una metodología geoespacial adaptada a la realidad territorial chilena para identificar zonas urbanas vulnerables al impacto climático.

Una herramienta cada vez más urgente, considerando los desastres naturales recurrentes que se enfrentan como consecuencia del cambio climático y la exposición a amenazas crecientes en zonas pobladas.

El proyecto, desarrollado por la consultora Gear Ingeniería y liderado por los equipos de Estudios y de Análisis Territorial del CECT, analizó en profundidad tres tipos de áreas críticas: humedales urbanos, bordes costeros y zonas contaminadas.

Una metodología geoespacial flexible y con pertinencia territorial

El estudio propuso el uso del Análisis Multicriterio (AMC) como herramienta central para identificar áreas propensas a riesgos climáticos. Según Yendery Cerda, coordinadora del estudio en la consultora, esta metodología “permite la combinación de variables heterogéneas, tanto cualitativas como cuantitativas, y se puede combinar criterios e indicadores de distintas fuentes, es relevante en esta metodología el proceso participativo que permite a distintos actores su involucramiento en el proceso de evaluación”.

La propuesta se construyó bajo el modelo conceptual de riesgo climático del IPCC (AR5), que lo define como la interacción entre amenaza, vulnerabilidad y exposición. Este marco, utilizado también en el Atlas de Riesgo Climático (ARClim), entrega un lenguaje común y una estructura analítica ampliamente validada.

“Esta metodología destaca por su flexibilidad tanto analítica como territorial, ya que permite al usuario seleccionar variables y adecuarlas al territorio que se pretende analizar”, señaló María Loreto Paillaqueo, jefa (s) del Centro de Estudios de Ciudad y Territorio.

El estudio incluyó la revisión de metodologías aplicadas en países como Colombia, España, Reino Unido y los Países Bajos, además del Atlas de Riesgo Climático. Estos modelos permitieron identificar buenas prácticas, particularmente en materia de gobernanza, integración de datos, participación interinstitucional y planificación basada en riesgo.

Asimismo, se llevaron a cabo entrevistas semiestructuradas a cuatro especialistas nacionales en cambio climático, planificación territorial, sistemas urbanos y humedales. Sus aportes permitieron identificar brechas en disponibilidad de datos, desafíos de actualización cartográfica y limitaciones institucionales para la gestión integrada de riesgos.

El proceso reveló que las zonas contaminadas representan la mayor complejidad técnica para su análisis, tanto por la amplitud de variables involucradas como por la baja disponibilidad de información georreferenciada. También se identifica la necesidad de trabajar no solo el área urbana, sino sus periferias y zonas de expansión, donde muchas veces se manifiestan condiciones de mayor fragilidad.

El análisis normativo confirmó que la legislación chilena cuenta con definiciones robustas en materia de cambio climático, adaptación y gestión territorial, coherentes con los acuerdos internacionales. Sin embargo, se constató una ausencia de definición específica sobre “territorios urbanos frágiles”, lo que abre una oportunidad para avanzar en futuras precisiones regulatorias.

Una hoja de ruta para la resiliencia urbana

El estudio concluyó “el análisis de casos aplicados en diversos países evidencia que la metodología geoespacial requiere integrar múltiples enfoques, considerando tanto dimensiones ambientales como sociales, así como incluir la gobernanza como un pilar fundamental, en cuanto se requiere del involucramiento de diversas instituciones si el objetivo es implementar esto en la gestión del territorio”.

Asimismo, el informe señaló que es importante considerar enfoques integrales y multinivel, que combinen la planificación territorial, la gestión ambiental y las políticas públicas, sobre todo en términos de adaptación, algo que en Chile es relativamente reciente y, por tanto, se encuentra en un estado incipiente. La incorporación de Soluciones Basadas en la Naturaleza, la consideración de las capacidades adaptativas locales y el fortalecimiento de los mecanismos de gobernanza resultan esenciales para avanzar hacia territorios más resilientes y sostenibles.