Iniciativa “Escuchando al Territorio” busca integrar enfoque de ciclo de vida en las políticas habitacionales y urbanas
El 30 de septiembre se presentaron los resultados del estudio “Escuchando al Territorio: enfoque de curso de vida y política urbano-habitacional”, una iniciativa del Centro de Estudios de Ciudad y Territorio (CECT) del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu), desarrollada en el marco del convenio Minvu-Universidades, junto a la Universidad de Chile, la Universidad de Valparaíso y la Universidad del Biobío.
El estudio se enfocó en comprender las necesidades habitacionales y urbanas a lo largo de las distintas etapas de la vida, incorporando la voz de los territorios como insumo para la toma de decisiones.
Simonne Victoriano Rozas, jefa del equipo de Transferencia de Conocimientos e Innovación del CECT, explicó que la iniciativa Minvu-Universidades nació con el propósito de generar puentes entre la academia y el Estado.
“Ambas instituciones son fuente de conocimiento desde distintos puntos de vista respecto al mejoramiento de la política pública”, señaló.
Juan Pablo Urrutia, académico del Instituto de la Vivienda (INVI) la Universidad de Chile e investigador del estudio Escuchando al Territorio, explicó que buscaron recoger visiones provenientes de distintas regiones del país y ampliar la discusión habitacional más allá de los actores que tradicionalmente participan en el diseño de políticas públicas.
En ese marco, la investigación incorporó representantes del mundo académico, del sector público, privado y de la sociedad civil, con especial énfasis en las personas directamente afectadas por los problemas de vivienda y cuidados.
Entre los principales hallazgos, destacó la necesidad de fortalecimiento de la accesibilidad universal, el impulso de viviendas y sistemas habitacionales más flexibles y adaptables a las trayectorias de vida de las personas, la creación de espacios públicos intergeneracionales y una mayor articulación de la política habitacional con sectores como salud, educación, seguridad y medioambiente.
“Cuando hablamos de flexibilidad y adaptabilidad no solo nos referimos a que la vivienda pueda transformarse físicamente, sino también a que el sistema permita cambios de vivienda cuando las necesidades de las personas van variando a lo largo de la vida”, dijo.
Jorge Larenas, director del INVI, presentó las recomendaciones del estudio y sostuvo que la política habitacional debe incorporar una perspectiva de curso de vida que permita responder a la creciente diversidad de hogares y trayectorias residenciales. Entre las propuestas planteadas destacó la necesidad de diversificar las formas de acceso a la vivienda y soluciones específicas para personas mayores.
“Cuando el análisis de la política de vivienda se desarrolla desde las coordenadas del curso de vida, aparece una diversidad de experiencias y prácticas que nos obliga a pensar que la propiedad no debiera ser el único mecanismo de acceso a la vivienda”, señaló.
Asimismo, planteó profundizar la coordinación entre distintos sectores del Estado e incorporar con mayor fuerza los saberes locales y las particularidades territoriales en el diseño e implementación de las políticas públicas.
“Los problemas de vivienda y urbanismo no son de exclusiva responsabilidad del Ministerio. La perspectiva de curso de vida nos obliga a pensar cómo la política pública acompaña las trayectorias de individuos y comunidades, y ahí la intersectorialidad aparece como fundamental”, sostuvo.
En este sentido, Marie Geraldine Herrmann, académica de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la U. de Chile, destacó “en toda política habitacional o urbana que considere el tema del curso de vida, el envejecimiento de la población y esta epidemia mundial de la soledad, son fundamentales”.
En ese contexto, relevó el concepto de “envejecer en el lugar”, que promueve que las personas puedan permanecer en sus hogares y barrios de forma segura, autónoma y digna a medida que envejecen.
“El 75% de las personas mayores prefieren envejecer y permanecer en sus hogares, por lo que debemos avanzar hacia viviendas y barrios que permitan hacerlo de manera segura y autónoma”, dijo.
La investigadora sostuvo que este desafío exige fortalecer la accesibilidad universal, adaptar el parque habitacional existente, mejorar las condiciones de movilidad en viviendas colectivas y promover espacios, equipamientos e infraestructuras que favorezcan la interacción social e intergeneracional.
Catherine Ortega Yanca, profesional del Minvu que fue la contraparte del estudio, destacó la importancia de los procesos de acompañamiento intergeneracional que surgen desde las propias comunidades. A su juicio, si bien las tecnologías pueden contribuir a mejorar la calidad de vida, no siempre están disponibles en todos los territorios, por lo que el fortalecimiento de los vínculos vecinales sigue siendo un elemento clave.
La profesional enfatizó que, especialmente en localidades donde la presencia institucional es menor, las redes de apoyo comunitarias cumplen un rol fundamental en el cuidado de personas mayores, niños y familias, así como en el seguimiento de situaciones de vulnerabilidad.
Asimismo, advirtió sobre fenómenos cada vez más frecuentes asociados al aislamiento social de las personas mayores, planteando la necesidad de repensar las dinámicas comunitarias para fortalecer la convivencia y el apoyo mutuo en los barrios.

